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Para muestra, ¡¡un montón de botones!!

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Cuando os enseñé mi colaboración tejeril, os dije que cada año caía más de un jersey de punto para la temporada de invierno. Hoy os traigo una muestra de como de chulos están mis jerseys, y del nivel de profesionalidad que hay en casa.

Cuando yo nací, mi madre apenas sabía hacer punto. Ella sabía bordar a mano y a máquina, sabía coser y hacía crochet del que enseñaban las abuela (pañitos, colchas, tapetes, etc). Así que se puso a aprender. Y aprendió bastante, si. A mi me ocurrió lo mismo cuando me dio el "barrunto" de aprender a hacer esos muñecos raros japoneses que se llamaban Amigurumi...


La muestra de jerseys no tiene desperdicio. Si os divierte seguir mi cuenta de Instagram, habréis visto un "sneak peak" (ojeada, o adelanto furtivo) de como lucen mis jerséis y chaquetas de punto. Y, en esta entrada, os los voy a mostrar en más detalle. Con las fotos, no es que haya sido demasiado historiado. Pero ya sabéis que la fotografía y yo, aún no somos muy buenos amigos...


Mi colección de jerséis y chaquetas sigue aumentando. Cada año, tejen para agregar nuevos miembros a la familia. Sin ir más lejos, en mi cuenta de Pinterest hay un tablero llamado Men's (KNIT)wear donde agrego esas imágenes que pululan por la red con propuestas, ideas e inspiraciones para seguir incrementando mi colección con prendas diferentes que cada vez presentan retos nuevos.

De momento, tengo un jersey verde (compuesto de unas trenzas muy originales, inspiradas por Hermés), otro con trenzas y combinaciones de lanas lisas y jaspeada, uno tipo sudadera gordita de punto arroz (muy, muy calentito), otro oversize con capucha doble (lana normal por fuera, y otra tipo borreguito por dentro), uno que juega con puntos deslizados y cambios de color para su entramado, y uno burdeos y plateado con parches de trenzas y puntos con textura (ausente en las fotos, lo siento). A eso se le suman dos chaquetas: una con capucha y pelitos por el borde (lana de esa cara, cara, y marmota noruega que abriga "una hartá") y otra verde con unos botones super originales que sienta como un guante.


Creo que se nota qué es lo que me gusta del invierno, ¿no? Decidme que os parece esta pequeña colección; falta un jersey tal y como os dije en la descripción, y es que la maleta venía llena la última vez que estuve en Almería y tuve que dejarlo allí. Pero no os preocupéis, que ya os lo enseñaré. De ahora en adelante, procuraré mantener un recuento de mis prendas tejidas a mano, aunque no sean hechas por mi, para que me digáis si os gustan.

Por lo pronto, un saludo y ¡hasta la próxima!
Juan.

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El mejor remedio para el frío, una manta.

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¿Qué tal todo? Hoy os quiero enseñar un proyecto que empecé el año pasado. Si hay algo que me gusta de las cosas hechas a mano es que siempre hay una historia detrás. Si a esa historia le sumas que siempre son más bonitas que lo que puedes encontrar en las tiendas, la mezcla resulta ganadora sin ningún género de duda. Este blog, de hecho, es una forma de contar esas historias tras algunas creaciones.

Centrando el tema, lo cierto es que a mi no me gustan las calefacciones. Es cierto que vivo en un lugar que me permite prescindir de ellas, pero utilizar calefactores o estufas eléctricas me resulta muy incómodo cuando estoy en un espacio cerrado. Por eso, me encantan las mantas. Una Navidad, cuando me vine a estudiar a Málaga, mi madre confabuló con mi abuela para que me hiciese una manta de ganchillo. De esto hace ya un montón de tiempo, y el resultado fue una manta para cama de matrimonio que aún me acompaña. Pero cuando estaba sentado en el escritorio no me gustaba usarla: era demasiado grande y acababa prácticamente toda ella en el suelo.

Para evitar mi afán de abrigar el suelo, decidí empezar una manta más pequeña, y mi madre me suministró una lana de Katia, mezcla de lana y acrílico (52/48), en varios colores. Hice unos discos monocromo (Merino Classic) con la idea de unirlos "as you go" (o sobre la marcha) con la misma lana en su versión matizada (Basic Merino Flash se llama ahora). El problema llegó cuando tras gastar unos cuantos ovillos lisos (y casi 300 discos después de empezar) me puse a unir todo y me di cuenta que había promediado mal la lana jaspeada: me iba a faltar un montón. Tuve que paralizar el proyecto, pues dónde compré la lana no tenían más, y me dijeron que Katia la había retirado. Dejé la posible solución a este problema para cuando pasara el verano y volviese a hacer frío.


Pero conseguí un paquete de lana; no habían retirado la calidad. Como salía un poco cara, y no tuvo el éxito de ventas que la marca esperaba, cambiaron el formato de ovillos de 100 a 50gr. Ya con mi nuevo paquete de lana, me dispuse a unir discos a toda mecha y, a pesar de que mi idea inicial fue una mantita pequeña, el resultado es un pedazo de manta preciosa, que mide 135 x 185 cm y abriga una barbaridad. Pasa lo de siempre: ahora me da lástima estropearla.


Para la confección de esta manta, tal y como os he contado, utilicé discos con distintos puntos de tres colores diferentes, que luego uní con la lana jaspeada, todo ello tejido con un crochet de 3.5mm. El remate lo realicé con tres vueltas de "Puff Stitch" que pienso que le confieren un acabado perfecto con un aspecto diferente al habitual. La parte más tediosa, si os soy sincero, fue la de tener que apuntar todos esos discos que veis. Sin ir más lejos, lo de apuntar las hebras fue un condicionante mayor a la hora de escoger el diseño que iba a tejer. Pero cuando tienes una bolsa de tela llena de discos, y sólo tienes que sacar el siguiente para unirlo a la manta, se agradece.


Por instagram os he ido adelantando, de vez en cuando, alguna que otra foto del proceso, siempre sin desvelar demasiado. Un cambio menor del blog os permite ver que comparto a través de esta red social en la columna lateral ¡¡Espero que en estas fotos se pueda apreciar lo genial de mi manta nueva!! Decidme que os parece en comentarios, y si os apetece que desarrolle más alguna de las partes del proceso, sólo tenéis que preguntar.

De momento, me despido hasta una próxima entrada. Un saludo enorme,
Juan.

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Nada malo puede salir de una ¡¡Colaboración tejeril!!

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Estamos en Febrero, así que hay que presentar cosas nuevas y diferentes. Si lleváis ya un tiempo siguiendo mi blog (y leéis los desvaríos que escribo), sabréis que mi disciplina es el ganchillo. Me dedico, fundamentalmente, a los Amigurumi, pero eso no quita que la inquietud de mis dedos me lleve por otros muchos lugares insospechados de vez en cuando. Hoy vengo a enseñaros algo que ya adelanté por Instagram, y se terminó de crear durante las (ya muy pretéritas) vacaciones de Navidad.

Mi madre, la prima Mari y la tita Mercedes son las damas que hay detrás de mi atuendo habitual de invierno: hacen punto con mucha soltura y rapidez, y todos los años suele caer alguna prenda espectacular tejida por cada una de ellas. También le dan al ganchillo, pero en eso soy yo mucho más hábil (se que está feo decirlo, pero como en el punto me dan mil vueltas, y lo reconozco, también me merezco yo mis laureles, ¿no?). 

Tal y como reza el título de la entrada, el trabajo de hoy es fruto de una colaboración de todas esas fuentes de artesanía que ya he mencionado, y no es más que una chaqueta para mi madre.


En las fotos podéis ver como los delanteros están hechos de ganchillo, con una aplicación que a todo el que lleve 10 minutos interesado en el punto o el crochet le debe sonar: Granny Squares, o cuadros de abuela. Esta es una de las aplicaciones de ganchillo más extendidas del mundo craft, y que da lugar a una infinidad inimaginable de proyectos. Esos delanteros son, sin duda alguna, lo que le dota de personalidad a la chaqueta. Además, es una prenda que precisa un nivel de habilidad medio-avanzado: las partes tienen forma, tanto en los hombros como en la parte del cuello y las sisas. Esa fue mi aportación. Por su parte, las féminas de la ecuación realizaron las mangas y la espalda de punto, así como la laboriosa tarea de ensamblar todo el conjunto. Como el crochet tiene más estructura que el punto, ellas trabajaron con la lana doble. La lana fue un Merino 100% de Katia y Mondial (había ovillos en casa, y había que encontrar el colorido que queríamos en esa calidad). Para rematar, una cremallera colocada con precisión láser remata la prenda.


Los delanteros coloridos, y desiguales, tienen como elemento común las líneas de color verde que los atraviesan. Todos los elásticos, las mangas, las tapillas de los delateros y el cuello están tejidos en marrón. La espalda es burdeos. El resultado, ¡¡juzgad vosotros mismos!!

Yo estoy más que encantado con cómo quedó. Supongo que mi madre también lo estará, y es que no es para menos. Lo que sabe todo el mundo, y si no lo hago público, es que yo también tendré una chaqueta como esta. Lo que yo no se es cuando pasará...

Perdonad la calidad de las fotos, pero tuve que hacerlas con el teléfono minutos antes de volver de las vacaciones, así que hice lo que pude. Se que he prometido mejores fotos, pero también sabéis que ocurre con esos propósitos de año nuevo que siempre nos planteamos con ilusión. Pasad por los comentarios, ¡¡y decidme que os parece!! Usad si os apetece contactarme los medios disponibles habituales: facebook, email, twitter, instagram, tumblr. En muchos casos, tanta red social es redundante, pero hay que estar.

Un saludo enorme,
Juan.

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