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Una casa de trapillo para Socio

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¿Qué tal se está portando Febrero? ¿Mucho chocolate por San Valentín, o sois más de festejar san Solterín? La operación bikini no acaba de arrancar, así que habrá que programarla en la agenda como cita ineludible, que luego llega el calor (ya que por fin parece que hace un poco de frío) y hay que destaparse...

Dejando a un lado las cursilerías ñoñas de la época, hoy voy a hablaros del trapillo. El trapillo es un material que se puso "de moda" hace un tiempo, siendo muy utilizado por principiantes para aprender a crochetear y conseguir objetos grandes casi de una sentada. Tradicionalmente, el trapillo es un material considerablemente barato: se trataba de excedentes de fabricación de la industria textil, y por eso era fácil encontrar estampados muy extravagantes, pero difícilmente repetibles. Las marcas de la industria se hicieron eco de ese creciente interés por el trapillo y empezaron a fabricarlo, dando lugar a coloraciones controladas, grosor uniforme, etc. Pero esa, desde mi punto de vista, no es la gracia de este material.


El uso de este tipo de "restos" para crear un nuevo tejido no es algo reciente. De hecho, en Andalucía proliferan las cada vez más conocidas jarapas, que se elaboraban mediante el uso de un telar uniendo un sin fin de retales hábilmente cortados en tiras para ser utilizadas como mantas, alfombras, cortinas... Se crea un tejido muy basto, pero hay que tener en cuenta para que es cada cosa: una alfombra de seda no creo que tenga mucho sentido, pero seguro que es cara como la sangre de unicornio (o la tinta de impresora). Mi madre es natural de un pueblo donde la alfarería y la artesanía ligada al campo son seña de identidad, y me contó de una de las jarapas que hay en casa que una jarapa blanca era algo realmente caro (por lo difícil de encontrar todos esos retales blancos) y no estoy seguro si, incluso, pudo formar parte de su ajuar o de alguno de los regalos de su boda.


No obstante, el hecho de que "la industria" metiese mano en ese sector (como si de una mano negra se tratase) hizo que el precio del trapillo se disparase hasta cotas un tanto absurdas. Eso, sumado a la capacidad de los negocios asiáticos de poner precios irrisorios a materiales de dudosa procedencia y calidad hizo que ese boom del trapillo se diluyese como el humo de una barrita de incienso. - NOTA: si, se que hoy estoy especialmente metafórico, pero el día se presta. - Así, se ha vuelto tremendamente frecuente encontrar pilas enormes de trapillo (espacio ocupa, la verdad) en multitud de comercios que no saben que van a hacer con él. Y ahí es donde todo empieza a encajar con esta entrada...

En mi mercería habitual han decidido liquidar el trapillo. Se vende, de vez en cuando, pero ocupa demasiado espacio. Así que Dani, Peque para los amigos, decidió que era una buena idea comprar para hacerle una casa a Socio (el gato que vive en casa). Aparezco en escena cuando Peque, que lo hizo sin intención ninguna, recuerda que no sabe hacer ganchillo pues, sencillamente, prefiere el punto. Así que ahí me encuentro con un puñado de ovillos de trapillo en la estantería y me tengo que poner a tejer una casa al gato.


Como descargo de responsabilidad, es un trabajo rápido que casi se hace solo. No fue necesario buscar patrón: una base del tamaño necesario, subir (esto lo hice usando alternativamente las lazadas delantera y trasera, para que al generar una pequeña textura en el exterior no se apreciase que las vueltas no son cerradas, sino que se va y vuelve), un techo similar a la base y un pequeño ribete para la puerta. Como decía antes, la gracia del trapillo es lo limitado de su stock y la versatilidad de lo que puedes hacer con el material, de modo que cuando se gastó lo que Peque pensó que sería suficiente, hubo que buscar algo que combinase. Al final, ha resultado muy divertida: parece una de esas casas de las islas griegas, blancas con un techo circular azulado, y un marco del mismo tono señalando la entrada (o salida si te pilla dentro, claro...)

El trapillo es un material realmente pesado. Lo trabajé con una aguja grande, pero procurando que quedase realmente apretado para que tuviese cuerpo. Por si solo, es capaz de estar bien colocado, pero la naturaleza inquieta de los gatos les lleva a decidir estar dento o encima según el momento. Por eso, tenemos que buscar una maya de estas de jardín para darle cuerpo y que el gato haga con su casa lo que quiera sin que se desmonte cada dos por tres. De momento, le hemos puesto unos refuerzos de cartón (todo muy diy, que conste) que aguantan bien el tipo. Cuando esté sucia, que lo estará, se pueden sacar los "puntales" y meter en la lavadora sin problemas: he ahí otra de las bondades de este material para tirarlo al suelo.


Espero que os haya parecido, cuando menos, simpática esta casa para gatos. Supongo que teiendo un apartamento propio dejará de utilizar mi portátil como cama supletoria... Si a alguien le hace falta ayuda para tejer algo parecido a su mascota, solo tenéis que avisarme y estaré encantado de echar una mano.

Un saludo enorme,

2 comentarios :

  1. Hola Juan!llevo 9 años viviendo con un felino y te escribo este comentario para darte las fatídica noticia.... no va a dejar de utilizar tu portátil.... 😂 La razón es sencilla! Si nueva casa tiene calefacción? Pues tu portátil si... date por jod... fastidiado qie no te devolverá la propiedad de lo qie es suyo! Si fueras maki deberías ponerle el portátil dentro de la casita... lo dejo ahí.... Jajajajajaja! Me ha encantado la casa, super original. Si un día me animo a darle salida al trapillo qie tengo acumulado seguiré tus indicaciones! Un abrazote!

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  2. Hola, Juan. Genial el apartamento para el gato. Yo tengo comprobado que el trapillo le encanta a mi gata. En el proceso de tejer un puf, se lo apropió como cesta. Pero tuve que desahuciarle ya que necesitábamos el puf para la terraza. Que drama. En fin, que me quedó pendiente tejerle un apartamentito y tu entrada me lo ha recordado. A ver si me pongo...

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