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El gato que acabó siendo un cerdo

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Hace mucho tiempo, en un cuarto de lo más corriente, un tejedor creaba un Amigurumi. En secreto, había encontrado unos maravillosos restos rosados en el alijo de su madre, y punto bajo tras punto bajo, iba dando forma a uno de los dibujos de su bloc de notas. Todo iba bien, hasta que empezó a gastarse el color principal y tubo que improvisar, creando listas de colores para alargar la lana todo lo posible, y hacer que no acabase siendo un proyecto sin terminar. Quizás fue ahí donde empezó a gestarse su personalidad.

Pasó el tiempo, otros Amigurumis más impacientes salieron antes de las manos del tejedor, y el tierno amigurumi rosa que pretendía ser un gato acabó guardado con los proyectos pendientes. Hasta que un día volvió a llamar la atención de su tejedor, y se apiadó de su desdicha decidido a terminarlo. Sólo faltaba por acabar alguna pieza, y coser todo en su sitio tras colocar unos ojitos de seguridad para completarlo todo con el relleno que siempre acababa dando forma a todo Amigurumi. Pero el tejedor notó enseguida que ese muñeco estaba triste: no quería ser un gato. Dispuesto como estaba a que no existiese ningún amigurumi triste, improvisó. Unas pequeñas modificaciones y un par de costuras estratégicas (amén de un hocico apropiado), y quién hacía tiempo iba a ser un gato rosa acabó convertido en ¡¡un precioso cerdito!! Y fue feliz, y comió bellotas de algodón.

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Casi llevados por un cuento infantil, os presento al muñecajo que hoy nos ocupa. La historia de más arriba es cierta en su fondo, todo ello adornado con unas divertidas florituras. Este cerdito empezó con la idea de ser un gato, pero la magia del crochet hizo que acabase siendo lo que es. Todos los amigurumis están compuestos de formas más o menos elementales, y luego agregadas con costuras estratégicas que les dan su forma y su carácter. Por eso, sobre un patrón básico, con sensibles modificaciones en las distintas piezas o su ubicación, podemos hacer que lo que iba a ser un gato acabe siendo un cerdito. Bien podía haber acabado siendo un perrete, un osezno o hasta una cabra, pero cuando presentaba las piezas para ensamblarlo todo me pedía a gritos ser lo que es.

Utilicé un acrílico algodonero (según la etiqueta) que tenía mi madre por casa, y el resultado es de lo más resultón. Desde hace tiempo, me acostumbré a trabajar con algodón, y se trata de una de mis fibras preferidas para tejer amigurumi, pero este acrílico de alta calidad tiene un acabado muy similar. No en vano, desconozco su precio pero estoy seguro de que no vale igual que un acrílico normal y corriente. Al muñeco, minutos antes de coserle el hocico, le agregué los ojos de seguridad de 10mm que podéis observar en las fotos, y no tiene mucho más misterio. Trabajé con una aguja de 2.5mm, y viéndolo puedo afirmar que se tiró demasiado tiempo en la bolsa de proyectos por terminar. Además, es de estos muñecos divertidos que tanto me gusta hacer últimamente ¡¡que son capaces de mover pies y manos para cambiar de postura!! La colita retorcida de por detrás, por cierto, es toda una ñoñada de lo más divertida. De pie, mide unos 27 cm de alto, y unos 21 cm sentado. De ancho, tiene sobre 13 cm, así que es de un tamaño perfecto para cogerlo y jugar con el a contar cuentos.

 

Decidme que os parece la historia de este Cerdito Rosa, si os gusta o si os parece que tiene rasgos algo "felinos", etc. Por mi parte, sólo me queda invocar esa conocida fórmula que todos conocemos y dice colorín, colorado, esta entrada se ha acabado. Un saludo enorme,

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