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Una bufanda para el calor...

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¡¡Buenas de nuevo!!

Os prometí volver pronto y así espero que sea de cara al próximo año. Este proyecto lleva acompañándome desde hace bastante tiempo, como para dejarlo ahora...

Os cuento la historia de la entrada de hoy. Todos los años, desde que lo hecho a mano se ha puesto tan de moda y los que vestíamos como abuelos ahora vamos a la última, a principio de temporada echo un vistazo a las pasarelas de esos caros, carísimos, diseñadores que se encargan de decidir que se puede poner el pueblo llano. Y como sus presupuestos están por encima de mis previsiones de gasto, y en muchos casos su habilidad por detrás del buen hacer de madres y tías, siempre acaba saliendo algún jersey o alguna chaqueta inspirada de esas fuentes. No es necesario copiar o plagiar, pues los grandes diseñadores tienen en sus ateliers acceso a tintar lanas a sus preferencias, o baterías de esclavos que tejen millones de combinaciones hasta que dan con el diseño que buscaban.


Hilando con el asunto de la entrada, el año pasado la inspiración vino de la mano de Missoni. Me hicieron una chaqueta inspirada en su colección, buscando jugar con un gradiente de tres gamas diferentes y el resultado puede apreciarse en alguna de las fotos. La prenda quedó perfecta, con un diseño de una trenza ancha repartida en espalda y delanteros como motivo principal, unos bolsillitos muy carcas y un cuello deportivo doble. Las mangas, lisas y algo anchas para que la chaqueta no fuese ceñida... 

Con el diseño del cuello en pico, pensando en un invierno donde hiciese algo de frío, faltaba algo para que el cuello no sufriese demasiado, así que busqué la bolsa de restos de lana de la chaqueta, solo tuve que pensar cómo tejer para la bufanda que podía salir de ahí...

Tal y como puede apreciarse en las imágenes, la elección fue un sencillísimo falso punto inglés que queda genial en bufandas (y si a alguien le interesa, es un punto perfecto para principiantes). A medida que tejía, me asaltaba la sensación de que estaba resultando un poco ancha. Pero lo cierto es que estoy muy contento con el resultado...


Como curiosidad sobre la prenda, os contaré que para recrear las mismas secuencias en el jaspeado hubo que jugar con los ovillos hasta encontrar el orden de la secuencia correcto. Eso supuso que la bolsa de restos tuviese montones de trocitos pequeñitos que acabaron convertidos en la bufanda que hoy os enseño, aún a costa de tener que esconder mas de un millón de hebras.

Lo divertido de todo este proceso es que el resultado es una bufanda a juego con una chaqueta que nadie más en el mundo tiene, siguiendo tendencias de pasarela gracias a la pericia de unas manos que hicieron mi prenda con cariño...

Espero que os haya gustado esta entrada. Tengo unas cuantas más a puntito para sacarlas del horno cuando toquen, y hacer así de mi vuelta al mundo blogger una constante y no solo un impulso temporal de fin de año... Si a alguien le intriga el (sencillísimo pero resultón) punto de la bufanda, ponedme un mensajito en alguna de mis redes sociales y os lo cuento sin problema ninguno.

Por mi parte, solo me queda despedirme con un saludo enorme ¡¡hasta la próxima!!

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